Fin de la Crisis: ¿Cuándo ó Cómo?
Es el tema de moda: conferencias, charlas, entrevistas. En cualquier lugar podemos encontrar algún foro tratando el tan traído y llevado tema de la crisis. En nuestro país además, coinciden al menos dos aspectos diferenciales con nuestro entorno más avanzado:
1. la gravedad de la misma por los motivos de sobra comentados y,
2. lo mucho que hablamos de porqué fue y de cuándo va a acabar.
El porqué son aspectos diferenciales respecto de países que la están superando mejor que el nuestro es evidente en el primer punto: sus economías se cimentaban en otros fundamentos que la nuestra. Respecto al segundo, algunos comentarios.
Hace tiempo que en otras latitudes se ha pasado de la fase de análisis de causas a la de búsqueda y aplicación de soluciones. Si bien las causas no se conocían todas ni del todo, sí se conocían sus efectos y allí dónde fue posible se dieron soluciones bien a unas, bien a los otros. Ahora mismo ya es tiempo en esos lugares de un seguimiento de las medidas; el “porqué” pasó a un segundo plano que puede atenderse con más calma y perspectiva para evitar que se repitan las consecuencias en el futuro.
En ese contexto, el cuándo, aunque importante, es un hito más controlable, en cuya determinación tiene mucho que ver el seguimiento de las medidas propuestas y puestas en práctica; se participa en el proceso de forma activa, se “lucha” con los medios que se han considerado más adecuados. Siguiendo un símil muy frecuente en nuestros veranos mediterráneos, el de los incendios forestales, cuando hay un buen plan de extinción apoyado en una buena táctica, el final del fuego puede ser alterado por un cambio de viento, pero las variables no controlables son menos que si nos limitamos a mirar preguntando cuándo va a llover…
Parece que, también esta vez, nuestro querido país vuelve a ser diferente. Nos explicamos.
Estamos empachados de ver y oir analistas y más analistas, expertos, tertulianos, y demás asimilados, analizar, desmenuzar, volver a ensamblar y así una y otra vez las causas –evidentes o supuestas, importantes o no- y los efectos –éstos sí, evidentes hasta para los más neófitos espectadores de dichos expertos-. Vemos con renovado optimismo como unos y otros critican, opinan sobre las medidas que se han tomado desde la Administración; incluso en algunos foros, empresarios y directivos se unen al coro de comentarios. Sólo aparecen opiniones sobre lo ya propuesto, sobre lo ya ejecutado con éxito o no. Parece no haber nada nuevo bajo el sol, nada que hacer… seguimos mirando el incendio desde un lugar seguro (¿?) sin darnos cuenta que son nuestras casas las que allí al fondo pueden quemarse mañana…
Pero, al final, siempre aparece la pregunta: ¿hasta cuándo va a durar esta crisis?...
Permítasenos formular una alternativa para enfocar esta fase del asunto: ¿cómo pensamos salir de ella?. O ¿podemos hacer algo para dirigir las llamas a zonas de menos valor ecológico?¿podemos iniciar ya la reforestación?¿con las mismas especies ó con otras?¿debemos mejorar nuestros bosques, los accesos, la forma de explotarlos?¿será nuestro papel el mismo respecto a los demás actores en el nuevo entorno tras el incendio?
Porque, aún sabiendo hasta cuándo, aún sabiendo las causas primeras, aún incluso habiéndo abordado con éxito la minimización de los efectos, ¿qué ventaja nos da eso en el nuevo escenario tras este desastre ecológico? ¿cuál va ser el paisaje después del fuego para nuestra empresa?
Suponiendo que sepamos ya de dónde vino, que incluso hubiésemos ya superado los síntomas, parece claro que todo el mundo se ha puesto de acuerdo en algo: después de esta crisis, el mundo económico debe cambiar –algunos hablan de refundación incluso…-. Desde luego muchos ya no están; sólo por eso nuestro entorno ha cambiado.
Y entretanto, ¿esperamos mientras analizamos una y otra vez el pasado, y algún gurú nos dice la fecha de fin?¿de qué nos va a servir?¿haremos lo mismo en un escenario distinto?¿aún siendo capaces de cambiar, estaremos a tiempo de hacerlo entonces?
Si es evidente esa necesidad de replantearnos la situación y nuestra posición en relación al nuevo entorno, ¿a qué esperar?. Es hora de pensar en nuestra (nueva) posición en este (nuevo) marco de circunstáncias. Eso suena a ¿estrategia?, va a ser que sí.
En un pasado artículo (veáse “De la triple A a la Triple E”) ya se comentaba la necesidad de “repensar” nuestra empresa. No nos referimos necesariamente a hablar con Mr. Porter o con Mr. Dafo, que también si así se cree conveniente. Nótese que hablábamos ya entonces de que el anterior entorno económico de márgenes bestiales cubría cualquier ineficiencia –las lluvias abundantes, el alto nivel de las aguas no nos dejaba ver las miserias del fondo, que debería haber sido dragado regularmente-.
¿Y cómo se hace eso ahora? Bueno, no vamos a ser nosotros los que demos las respuestas que sólo cada caso y organización está en condiciones de encontrar; cómo dicen nuestras abuelas “cada casa es un mundo”, pero también es cierto que “en todas partes cuecen habas”… Veamos que se cuece en nuestro común caldero.
La eficacia y la eficiencia tantas veces confundidas. Venimos de años de bonanza, de valorar el éxito por el volumen de ventas, las cifras absolutas de ingresos y de beneficio, dejando de lado el ratio de esas cifras frente a nuestros activos, nuestro capital invertido, o sea, parámetros de rentabilidad, de eficiencia de proceso (operaciones) y económica. No estaría de más tampoco estar muy al tanto de la liquidez que tantos dolores de cabeza está dando (a los que aún pueden contarlo, pues a otros ya se los llevó por delante). Ahora más que nunca se impone una gestión de operaciones y económica eficiente y de intervalos de control más cortos (agilidad y flexibilidad).
Las reducciones de costes basadas en el recorte (salvaje) de plantillas. Análogamente al punto anterior, la posibilidad previa de ventas desbocadas llevó a crecimientos poco meditados y menos planificados. La capacidad demandada de nuestros recursos técnicos (activos industriales, instalaciones, máquinas, líneas, plantas) fue atendida con más cosas y más personas. No había tiempo de plantearse si esos recursos iban mejor o peor y, aún sabiéndolo, la fácil financiación hacía mucho más atractiva la vía de mejorar nuestra capacidad por el método de aumentar el parque de recursos. Ahora no podemos devolver unos pero sí podemos prescindir de otros…
Pensemos no obstante si tanto aquella como esta decisiones deben tomarse con calma y huyendo de visceralidades y atajos. El futuro, el cómo, está más o menos cerca y podemos arrepentirnos más pronto que tarde. Potenciemos las capacidades y aptitudes, mejoremos la rentabilidad también a través de la calidad de las personas.
Reflexionemos en cualquier caso, discurramos en el camino recién hoyado y veamos si nuestra estrategia pasada tiene cabida en el nuevo escenario económico que se avecina. Y hagámoslo huyendo en lo posible de planteamientos cortoplacistas –dejemos eso a la operativa diaria, a la eficiencia operativa que nos permita sobrellevar la salida de esta crisis- y “veamos” el futuro a más largo plazo.
De paso, esta visión de empresa potenciará el compromiso social de la misma y atraerá personas que quieran comprometerse en un proyecto más allá de del “tira, tira mientras dure, hasta que reviente”. Cómo dirían alguna de nuestras abuelas: “así nos luce el pelo”…
Raul Carrasco
Director de Programas
Área de Operaciones & Innovación, innove institute