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'Invertir para cobrar más'
EL País, 4 de enero de 2010

La formación en Escuelas de Negocios, clave para escalar puestos.

El tipo de conocimientos –habilidades y capacidades que se precisan hoy día para moverse en el mundo de la empresa- contrasta fuertemente con aquellos requisitos que predominaban en el  mercado hace tan sólo unos años. Por una parte, existe una amplísima gama de nuevas posibilidades (basta con echar una mirada a la oferta de estudios universitarios y escuelas de negocios), y por otra, se exige al empleado una versatilidad considerable, que sólo se logra con la formación continua. Todo ello implica cambios en la oferta de formación y en la metodología que se aplica, sin olvidar la ineludible adaptación a las nuevas necesidades.

Pero no se trata de sustituir unos métodos por otros. Las conclusiones de un reciente estudio de la Fundación Élogos (El estado del arte de la formación en España) indican que “se mantiene la pluralidad de métodos' (sesiones presenciales, e-learning, formación a distancia). Lo importante es utilizar el canal y el método apropiado para que cada persona y cada organización desarrolle plenamente su potencial”.
Como media, recuerda el estudio, durante 2008 el 72% de los empleados de las grandes empresas españolas realizaron algún tipo de formación. En el mismo periodo, las horas de formación por empleado descendieron hasta las 32 anuales de media en las grandes empresas, y las 40 horas en las administraciones públicas. Este descenso rompe la evolución al alza que se venía produciendo en los últimos años en el marco de las grandes empresas, y marca la tendencia hacia cursos de menos duración pero con más preparación y coste.

Más preparación  y coste, es ahí donde reside uno de los mayores problemas. Tanto para la empresa, que necesita rentabilizar su inversión en capital humano, como para el ejecutivo, que sabe que su futuro exige una buena y sólida formación, la asistencia a cursos de especialización en escuelas de negocios es fundamental. Un desafío difícil para tiempos como los que corren, sobre todo cuando los costes de formación los asume muchas veces el candidato. Los estudios superiores, cursos de perfeccionamiento o máster, ya se sabe, no son nada baratos.

Las grandes compañías han establecido diversos planes y programas de desarrollo focalizados en grupos de profesionales escogidos, que normalmente incluyen todo tipo de actividades de formación en escuelas de negocios. Puede ser un máster, un programa específico, un programa a través del concepto de universidad corporativa, etcétera. Lo que sucede es que están restringidos a aquellas personas con determinadas cualidades y/o competencias necesarias para la empresa. “Nuestro personal debe aprender a utilizar y sacar el máximo provecho de las herramientas que brinda la gestión por competencias. Muy especialmente en los ámbitos de selección y evaluación del desempeño para los mandos. Cada nueva herramienta va acompañada de formación para su correcta utilización”, explica Juan Gallostra Isem, director general del Gropo JG Ingenieros Consultores.

¿Y el resto? Porque cuando se trata de personas que, por una u otra razón, se financian sus cursos (hablamos de inversiones medias entre 2.000 ó 3.000 euros hasta 10.000 ó 12.000 euros o más), la pregunta es obligada: ¿Cómo puede  un ejecutivo/alumno medir la rentabilidad de su inversión? Quien toma decisiones respecto a su formación como si fuera una inversión, espera un lógico retorno; más aún si la financiación procede de su propio bolsillo. Ese retorno, o se consigue en la propia compañía siendo promocionado o es posible que haya que buscarlo fuera. “Las rentabilidades en estos casos se miden normalmente por el tiempo que se tarda en encontrar un empleo o el tiempo que tarda en progresar en la organización, en el caso de un empleado”, señala Ignacio Mazo, socio director de la consultora People Matters. Y añade: “Pero en general, mucha gente que ha cursado programas de posgrado, al cabo de poco tiempo ha conseguido una promoción en su compañía que a lo mejor no pudieron lograr en el pasado. Esto se debe a que el posgrado da normalmente una apertura mental, una capacidad analítica distinta de la que se tenía, una profundización en determinadas materias que se desconocían y han podido aprovecharse en su día. Incluso entra en un networking, una red de contactos que le permiten saltar o acceder a nuevos negocios”.

“En momentos como los actuales, son muchos los profesionales que deciden acometer un plan de desarrollo directivo”, reflexiona Bárbara Ramos, de la firma cazatalentos Korn/Ferry. “En ocasiones por fortalecer su posición en la empresa, por buscar vías de desarrollo y crecimiento, o bien porque desean mejorar su atractivo en el mercado. La primera motivación es el crecimiento profesional y la mejora del currículo. En segundo lugar, estos programas permiten reciclar conocimientos y habilidades, actualizar conocimientos. En tercer lugar, y cada vez más, la oportunidad de incrementar la red personal de contactos”.

“Tenemos que partir de la base de que la educación y la formación son inversiones a largo plazo. Desde el punto de vista de trabajador, existe una relación muy clara: cuanto más nivel educativo y formativo se tiene (enseñanza media, universitaria, MBA, la formación a lo largo de su vida profesional), habrá una correlación más clara con los puestos en las empresas y los niveles salariales. Ese rendimiento se puede medir, incluso ahora, en tasa de paro. En los índices de paro en España, la población de mayor nivel de cualificación tiene menor nivel de paro que la población que tienen menor nivel de cualificación”, opina Mariano Baratech, presidente de Élogos Conocimiento. “Pero es una visión a largo plazo”, añade. “hay que pensar en el esfuerzo que suponen cinco o siete años de universidad, ene le esfuerzo en tiempo y económico que supone un MBA, la constante formación en idiomas en el tiempo, en distintas competencias, en sistemas informáticos si hiciera falta. Resumiendo: a cambio de todo esto, o más, reflexionar sobre cómo se traducirá en su vida profesional y en su nivel salarial, mediano  o futuro. Hay que invertir durante muchos años y los frutos se recogen también muchos años después”.

Pero el esfuerzo en tiempo y dinero invertido en una escuela de negocios conocida suele ser bastante alto. Sin embargo, coinciden fuentes consultadas, las escuelas de negocios son una atractiva oferta, ya que, por una parte, permiten hacer un excelente networking, y por otra, el sólido y vanguardista conocimiento que imparten pasar por una escuela de prestigio y trabajar en una gran empresa asegura buenas relaciones.

En la gran empresa se sabe que a lo largo de una década se suele producir una diáspora. Quien carezca de relaciones familiares que le apoyen encontrará en el networking (encuentros profesionales) un excelente medio de potenciar sus relaciones. Datos recientes indican que – tal vez por una mayor toma de conciencia o simplemente por la crisis que atravesamos en la actualidad – se han incrementado las matriculaciones en las escuelas de negocios, ámbito en el que algunas de las grandes han conseguido generar una especie de imagen muy atractiva. “El que pasa por una escuela de negocios da un empujón muy relevante a su carrera. Lo han hecho muy bien, se han convertido en una especie de punto de referencia, sore la base de que generar la sensación  de que el que no haya pasado por la escuela de negocios tienen limitada su progresión profesional, algo que buena parte de las veces  es cierto”, recuerda Ignacio Mazo.

Se supone que las personas más formadas tienen mejor predisposición  al cambio, más tolerancia a la ambigüedad, mayor capacidad de aprendizaje, mayor capacidad para enfrentarse a nuevos retos; incluso, concretando mucho más, mayor facilidad para aprender nuevas tecnologías. Sin olvidar que en esta carrera se produce un efecto piramidal, son más atractivos aquellos que obtienen mejores calificaciones o una destacada puntuación en un MBA que “los del montón”. Si la persona que se forma lo hace bien, obtiene buenas calificaciones y muestra una activa participación en clases, genera una cierta imagen.
Casos sobran. Normalmente, será mucho más atractivo para moverse en el mercado y rentabilizar lo invertido en estudios de posgrado, sobre todo en tiempos en que el trabajador va comprobando que gracias a sus competencias y conocimientos va siendo cada vez más frecuente la entrada y salida de diversas áreas laborales.

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